PARÁBOLA DE LAS VÍRGENES QUE VELAN

Escrito el 07/11/2026
Sor Matilde OP


1 « Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. 

2 Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. 

3 Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; 

4 las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. 

5 Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. 

6 Mas a media noche se oyó un grito: "¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!" 

7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. 

8 Y las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan." 

9 Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis." 

10 Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. 

11 Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!" 

12 Pero él respondió: "En verdad os digo que no os conozco." 

13 Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora. (Mt. 25, 1-13)

 

Otra parábola del Reino nos propone Jesús. Esta vez son diez vírgenes invitadas al banquete de boda. El esposo había de preparar una casa o una habitación a la futura esposa. Cuando todo estaba listo, el novio salía de noche en procesión festiva de amigos y luces para recoger a la esposa. La hora de llegada al banquete era indeterminada. A veces era a medianoche. Las vírgenes esperaban la llegada del esposo con sus lámparas encendidas. Pero la demora, en este caso, hizo que todas se durmieran. Mas, la lámpara estaba siempre encendida. Así se explica que cinco de ellas llevaran aceite de repuesto para seguir iluminando a la llegada del esposo.

Esta parábola tiene un simbolismo muy profundo que Jesús quería transmitir a sus oyentes: El pueblo de Israel esperaba al Mesías y éste, al llegar, encontró a unos velando y a otros sin el aceite de la urgencia de la fe en la Palabra de Dios que siempre se cumple.

Los profetas habían anunciado su venida, no podía pillarlos ignorantes. Sólo hacía falta el aceite de una fe y un amor que alumbraba su vivir diario. En las vírgenes sensatas se está hablando de los judíos fieles, que cuando llegó el Esposo reconocieron su momento. Y todos estos pudieron entrar al banquete nupcial de la Palabra de Jesús que alimentaba sus almas con manjares sabrosos y suculentos. Pues, ¿qué es la Palabra de Jesús sino un alimento que da vida y ésta eterna?. 

Las vírgenes necias pidieron aceite a las prudentes, porque sin él no podían entrar al banquete. Pero estas no pudieron dárselo. ¿O es que se puede transferir la fe y el amor? ¡Es imposible!. Uno que ha velado de continuo para que su fe no se apague y obra con un amor abnegado por amor a Dios, ¿es que puede decirle a su hermano, ten la fe y la confianza esperanzada que yo tengo?. O, ¿ama hasta olvidarte de ti como si al mismo Dios le hicieras tu entrega?.

Esta obra es tarea del creyente que hinche sus velas al soplo del Espíritu Santo para crecer en el conocimiento de Dios y su amor a ÉI. Sí que puede decirle al hermano: “ve y cómprate el aceite”, es decir, “obra conforme a un fiel discípulo, aunque yo rezaré para que antes de que se cierre la puerta del banquete, la puerta de la vida y el encuentro con el Esposo, puedas estar preparado para el encuentro más importante de tu vida, el día de tu Salvación eterna”.

¡Oh Señor, qué no durmamos sino estemos vigilantes cada vez que llames a la puerta de nuestro corazón, para atender a tu voluntad significada y al hermano que nos pide con su mano extendida! ¡No seamos remisos a lo más importante de nuestra vida, porque nos va en ello nuestra salvación eterna! ¡Qué deseemos con toda ansia el encuentro final contigo! ¡Qué lo haga tu Espíritu Santo, pues sin ÉI, nada podemos! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amen!