DICHOSOS LOS POBRES DE ESPÍRITU

Escrito el 31/10/2026
Sor Matilde OP


1 Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. 

2 Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: 

3 « Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 

4 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. 

5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. 

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. 

7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 

8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 

9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 

10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 

11 Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. 

12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; (Mt. 5, 1-12ª)

 

Para poder ver a Dios hay que ser como ÉI. Él, Jesús, fue pobre de espíritu, manso, lloró la injusticia, tuvo sed y hambre de su Padre-Dios,fue misericordioso, el más limpio de corazón, el pacífico, el perseguido por causa del amor, el insultado, el humillado y calumniado por causa del Reino. Jesús es el Bienaventurado, en grado eminente, en santidad y gloria. Y sus seguidores vamos imitándole según su ejemplo y sus huellas.

Su pobreza se manifestó en su nacimiento y en su vida. Pero ÉI y María,su Madre, no se quejaron a Dios de tanta penuria, al contrario, lo bendecían porque así lo quería Él. No añoraban ni pedían nada a la vida que no fuera el estar unidos a Dios y amarlo con todo el corazón. 

La mansedumbre de Jesús fue siempre a todos notoria. Su ira era santa y siempre sometida a su razón. Y porque nos amaba más que a su cuerpo, no conoció un sólo asomo de venganza o ironía amarga. Y esto fue admirable en su Pasión, donde sufrió toda clase de injurias.

Jesús también lloró, pero no por sí mismo sino por la ingratitud de su pueblo, a quien amaba y venía a salvar. A veces lloró por compasión con los que sufrían y se lamentaban de la muerte que les arrebataba sus seres queridos. Sus lágrimas eran llantos de Dios, si es que Dios puede llorar. Pero así nos lo hizo ver en su vida.

Su ansia de Dios es la manifestación de su unión con Él: un solo Dios verdadero en Tres Personas distintas, de aquí que, Jesús como hombre,necesitara alejarse muchas veces para orar a su Padre-Dios y estar con ÉI. Su alimento era su presencia y su voluntad, tres veces santa.

¡Oh su misericordia!. Es Cristo quien de verdad ha conocido la miseria y la pobreza en la que se debate la vida del hombre. Su Corazón es un verdadero horno de misericordia. No por otra razón se hizo hombre y bajó a nuestra tierra. Y como por ser hombre no podía vivir aquí eternamente, se inventó la forma de estar siempre en el mundo, con nosotros: la Eucaristía, es el mayor don que Dios ha podido regalar al mundo. ¡Sólo Dios podía inventar tan gran maravilla!

Jesús, el limpio de corazó, en donde nunca hizo asiento ni una imagen de mal o de suciedad. Su alma humana era clara y limpia, como un cristal donde sólo se reflejaba la imagen de su Padre-Dios: “Quién me ha visto a mí, ha visto al Padre. La pureza en sus ojos, en su Palabra, en su vida donde habitaba la divinidad encarnada, el amor. Todos cabían en el seno de su Pureza Inmaculada.

Y Él es nuestra paz. La guerra y la división proceden del pecado de los hombres, pero el Reino de Dios es paz y justicia y entrega de la propia vida, para que los hombres se amen y vivan solo del Amor. Y Dios se lamenta: “cuando yo digo paz, ellos dicen guerra” y también con el salmista: “que se acaben los pecadores en la tierra, que los malvados no existan más” porque sólo exista la bendición y la alabanza a Dios.

Y por fin, los mártires, los que entregaron su vida para rescatar a sus verdugos; los que devolvieron bien por mal; los que perdonaron a los que los atormentaban. ¡Éste es Cristo, Éste es el siervo fiel, su perfecta imagen y todo por seguir a Cristo en la vida y en la muerte y hasta morir como con ÉI y como Él! 

¡Señor, este es el camino de las bienaventuranzas, “camina por él yhallarás descanso para tu alma! !Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!