EL REY, DIOS, CELEBRA LA BODA DE SU HIJO

Escrito el 10/10/2026
Sor Matilde OP


1 Tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: 

2 « El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. 

3 Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. 

4 Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda." 

5 Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; 

6 y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. 

7 Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. 

8 Entonces dice a sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. 

9 Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda." 

10 Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. 

11 « Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, 

12 le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" Él se quedó callado. 

13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes." 

14 Porque muchos son llamados, más pocos escogidos.» (Mt. 22, 1-14)

He aquí otra parábola de Jesús muy trágica. Y se la dice a los sumos sacerdotes y a los ancianos, a aquellos “malos convidados que no quisieron ir a la boda del Hijo del Rey”, del Hijo de Dios. Jesús les está contando su propia historia como aviso para que se conviertan, pero “ellos no hacen caso”. Piensan que habla de otros y no se les ocurre aplicársela a su propia vida.

Jesús es el Hijo del Rey que, viniendo a la tierra y haciéndose hombre,ha celebrado una boda con nuestra humanidad: el consorcio de lo humano y lo divino en la persona del Cristo, el Ungido del Padre. Y su humanidad era tan real que no quisieron creer que en Él estaba Dios mismo encarnado. Sí que esperaban un Mesías, pero algo más parecido a un jefe político, con poder y majestad, y no “un hombre cualquiera”. Pero, ni aún creyeron los signos sobrenaturales que hacía, pues se decían: “¿no es este el hijo del carpintero, el galileo?”. Y, “de Galilea no salen profetas”. Todas sus razones eran apodícticas y su ceguera iba en aumento hasta escuchar sus razones y no lo que veían con sus ojos y contemplaban en Jesús.

Y el Padre envió a sus criados para decir a los convidados: “tengo preparado el banquete, todo está a punto, venid a la boda”. Pero “ellos no hicieron caso”, estaban muy ocupados en sus negocios. Y ¿qué negocios tenían los sacerdotes y los ancianos? Pues el control de las ofrendas del Templo y el mantener su buena reputación ante el pueblo sencillo. ¿Y el culto a Dios, escuchando la voz de sus profetas y enviados que les hablaban claro del Mesías? Esto quedaba pospuesto.

Así no escucharon a Juan Bautista, que dio testimonio en favor de Jesús:“he aquí el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”. Y: “ya está entre vosotros y no le conocéis, viene en pos de mí”... “Él os bautiza en el Espíritu Santo y doy testimonio de que Éste es el Hijo de Dios. Y, ¿qué hicieron con sus palabras?: “no hicieron caso” y maltrataron a Juan Bautista y después a Jesús.

Sabemos que, en pocos años después, el año setenta, Tito, el Emperador Romano, destruyó Jerusalén y el Templo sin dejar piedra sobre piedra. La profecía de la parábola se cumplió en la hora de Dios.

Pero la invitación a la boda recayó sobre “un pueblo que dio sus frutos”,sobre la Iglesia y los que creen en Jesús. Estos son “los invitados de todos los caminos”, que quisieron entrar a la boda y gozaron de la presencia del Novio y de su Padre y comieron manjares suculentos. Pues, ¿qué mejor manjar que comer al mismo Jesús en la Eucaristía,para gozar de los bienes de la boda real?.

Siempre la promesa de Dios no se frustra, aunque “los convidados no se la merecían”. Los hijos de Dios y los que lo adoran “en espíritu y verdad”, son los que escuchan su Palabra y son agradecidos a los dones que Dios nos regala en su Hijo Jesús.

¡Señor, que aunque seamos “los convidados de última hora”, seamos fieles y rendidos a la invitación que nos haces y siempre sintiéndonos humildemente indignos! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!