EN EL PRINCIPIO EXISTÍA EL VERBO Y ESTABA JUNTO A DIOS.​

Escrito el 31/12/2025
Sor Matilde OP


1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. 

2 Ella estaba en el principio con Dios. 

3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. 

4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, 

5 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. 

6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. 

7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. 

8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. 

9 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. 

10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. 

11 Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. 

12 Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; 

13 la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. 

14 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. 

15 Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»

16 Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. 

17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. 

18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado. (Jn. 1, 1-18)

 

He aquí la página más divina y a la vez más humana, porque “la Palabra se hizo carne”, de todo el Evangelio de San Juan. ¿De dónde aprendió el Apóstol a expresar cosas tan sublimes que, palabra humana nunca pudo pronunciar? Sí, lo aprendió del mismo Maestro, Jesús, cuando la noche de la Última Cena, Juan se recostó en el pecho del Señor y se asomó al Misterio arcano de Dios. Allí, de la “fuente” misma escuchó los latidos del Corazón de Cristo. Jesús le permitió a un joven pasearse por su Misterio de Amor en el que ninguna criatura ha podido nunca entrar. 

Y es que Juan escribe: “En el principio ya existía la Palabra, el Verbo de Dios”. ¿De qué principio habla el Apóstol?: No, de nada que nos remita a las coordenadas de espacio y de tiempo. Juan habla de lo que sabe sin poder entender lo que sabe, pero sí dando fe de ello. Allá, en la eternidad de Dios, es donde el Verbo fue engendrado como Hijo por el Padre… Y aquí, ya no podemos hacer pie porque nuestra vida es “un trocito de tiempo”, pero, no la eternidad .

Y, aún así, Dios no nos es ajeno porque “en Él nos movemos, existimos y somos”. En ÉI está nuestro principio porque nos ha creado y, también estará nuestro fin cuando el Hijo, el Verbo, devuelva todo al Padre y,seamos uno con ÉI. Estas promesas son Verdad porque “Cristo es la Verdad” y, es imposible que Dios mienta. 

Pero, ¿Qué mamó Juan del pecho del Señor? Pues, mamó el Amor,mamó a Dios porque, “Dios es Amor”. Y con este Amor donado a los hombres, por una dignación de su misericordia, con ÉI, “dio dones a los hombres”. Nos dio la Luz y nos dio la Vida pues, sin estas, el hombre caería en la nada. Pero Dios nos creó para la Vida y el Amor y para que,en nuestra pequeñez, seamos la Luz del mundo. Luz infundida por Jesús en nuestros corazones, para que a su vez podamos nosotros iluminar con la luz de Cristo.

Y salta de un golpe Juan a la realidad de nuestra tierra, porque “la Palabra se hizo carne”, se hizo uno de tantos, como uno cualquiera y,habitó entre nosotros. Pero, ¡ha, el mundo yacía en las tinieblas, y estas no acogieron a la Luz!: Cristo, fue ignorado. No pudo romper la tiniebla y dar vida al mundo. Y, ni siquiera a su pueblo escogido Israel, y eso que tenían a los profetas que les hablaban de continuo de la llegadainminente de la Luz que era Cristo, Dios mismo. Mas, hubo un hombre que gritó a todos sus hermanos que él era “testigo veraz de la Luz”

Pero, gracias a Dios, hubo unos pocos “pobres de Dios que, tenían muy viva la esperanza, y sabían en su corazón que, el Mesías estaba ya entre ellos, y querían verle. Estos, pudieron llegar a ser “hijos de Dios”, porque, creyeron y amaron la Palabra de Dios.

¡Señor, danos el ser siempre de tus pobres y que esperemos con fe tu llegada a nuestro corazón porque deseamos vivir en tu Verdad y amarte siempre, sobre todas las cosas! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!