EL HOMBRE BUENO, DE SU CORAZÓN SACA EL BIEN

Escrito el 01/03/2025
Sor Matilde OP


39 Les añadió una parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? 

40 No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado, será como su maestro. 

41 ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? 

42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo”, ¿no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano. 

43 « Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. 

44 Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. 

45 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca. (Lc. 6, 39-45)

 

Comienza este Evangelio con una parábola que expuso Jesús a sus discípulos. Habla de “un ciego que guía a otro ciego”. Y es que esto es muy peligroso pues caerán los dos al hoyo. Inmediatamente lo aplica a sus discípulos. Ellos no pueden pensar que ya todo lo han aprendido de Jesús y comenzar, quizás con muy buena voluntad, a enseñar a otros que comienzan su aprendizaje. Escuchar a Jesús y acogerlo no nos hace maestros, porque Jesús afirma: “no os dejéis llamar maestro, pues unosólo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos”.

Siempre, ante Jesús, seremos discípulos, párvulos en las cosas de Dios. Nos basta ser como los niños que siempre están aprendiendo y cada Misterio de Dios les provoca admiración y una mayor atención para captar mejor lo que oyen. La Palabra es Jesús, en ella se encierran todos los tesoros del saber y del conocer. Ella es insondable para nuestra pequeña mente humana. Recordemos que Dios nos creó a la imagen y semejanza del Hijo, pero nunca depositó en nosotros toda su Sabiduría y Gracias. Contentémonos con abrir la boca del deseo de nuestro corazón a todo lo que Dios mismo quiera revelarnos. Pero, sabemos que fuera de Jesús, todo es ignorancia y confusión. Porque, además, Él es también la Verdad de Dios. Y su Verdad, como atributo, sólo la comunicó con el Hijo y en medida muy pequeña en “aquellos en quienes quiera revelarse”. Por esto, seamos pobres en presunción de nada y ricos, ¡muy ricos!, en estar con la boca abierta esperando su Palabra.

Y, sigue Jesús con otra de sus enseñanzas: no fijarse en los defectos ajenos pues quizás sean “pajas” de lo que adolece mi hermano y, en cambio, yo tengo “una viga”, no sólo de defectos sino de pecados quemuchas veces no quiero mirar porque me requieren toda la atención y deseo de entrar en ellos para convertirme.

En la tradición de la Iglesia, el examen de conciencia solo se refiere a uno mismo y en vistas a enmendar mi conducta. De verdad que, si sólo me dedico a “peinar” el yo enredado de mi conciencia, no tendré tiempo de fijarme en lo ajeno o ¿es que no nos lo enseñó Jesús en la “parábola del fariseo y el publicano”?: Ambos hacían una acción buena a los ojos de Dios: orar. Más, uno metió en su oración juicios sobre el prójimo y ello le hizo más pecador que cuando comenzó a orar. En cambio, el publicano, sabía bien que, ante Dios, nuestra conciencia está desnuda porque Dios lo ve todo. Y, no hacía sino darse golpes de pecho viéndose un gran pecador y suplicando misericordia y perdón de Dios.

Lo que hay de bueno en cada uno, sale a la luz en su pensar y obrar, así como lo que hay de menos bueno o lo malo: “por los frutos se conoce el árbol”. ¡Seamos sinceros y transparentes en nuestra vida! ¡No ocultemos aquello de lo que tenemos que convertirnos!. Mis hermanos lo ven todo de mí, ¡y Dios, con mayor verdad y profundidad!. Esta conducta, agrada a Dios y nos envolverá con su misericordia perdonándonos, aún aquello que quizás todavía no reconocemos. ¡Qué el Señor nos conceda la humildad que es “andar en verdad” por la vida! ¡Qué así me lo regale Dios, por su bondad! ¡Amén! !Amén!