MI MADRE Y MI HERMANO ES QUIEN HACE LA VOLUNTAD DE MI PADRE

Escrito el 16/07/2026
Sor Matilde OP


46 Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. 

47 Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» 

48 Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» 

49 Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. 

50 Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» (Mt. 12, 46-50) 

 

Está Jesús entre sus discípulos, los seguidores por gracia, y le avisan:“tu madre y tus hermanos (los primos y parientes), están fuera y quieren hablar contigo”. La carne y la sangre reclaman sus privilegios con Jesús, pero ÉI, abruptamente, les contesta que, si estos no cumplen la voluntad del Padre, no tienen parte con ÉI. Muchos de sus oyentes, es seguro que no entenderían estas palabras que, a sus oídos tan naturales, les parecían inadmisibles. Pero Jesús, aún siendo niño, ya les aclaró a sus padres, en el Templo, cuando se perdió por tres días que, :“¿no sabíais que yo debía de estar en las cosas de mi Padre?”. Para Jesús y, en toda su vida, lo primero es la voluntad de su Padre-Dios y los demás vínculos de la naturaleza vienen detrás.

María, por ser la madre carnal de Jesús, no puede apelar a su maternidad para tener mucha parte con ÉI. Sino que María fue, lo primero, muy dócil a la voluntad de Dios y por ser “llena de gracia”, es el ser más privilegiado, después de su Hijo Jesús. Los que hacen lo que agrada al Padre, esto son hijos de Dios y herederos de su Gloria.

A veces, los dos que se han amado en la tierra como matrimonio, se imaginan que su amor seguirá en la eternidad. Pero Jesús nos avisa que lo que cuenta es la obediencia a Dios y no los consorcios de la tierra. Porque Jesús mismo, hablando del Juicio final, advierte: “dos estarán en una cama y uno será tomado y el otro será dejado; estarán dos en el campo y una será tomada y otra será dejada”. Los que sean dignos del Reino, porque fueron fieles a Jesús y lo amaron sobre todas las cosas,esos serán “dejados” hasta el advenimiento de Cristo. Pero los que rechazaron a Jesús, habiendo conocido Quién era y que procedía de Dios, esos serán “tomados” para un juicio particular severo.

Seamos fieles a Dios y adorémosle, como Nuestro Señor, nuestro Dios y nuestro Juez benigno. Y si somos dos o más que con nuestra vida lo confesamos así, bienvenidos seamos y benditos, pues Dios quiere que nos salvemos y lleguemos juntos al Cielo, donde sabemos que Dios, en Jesús, nos espera a su derecha

Y es que la voluntad de Dios es agradable al que lo ama, pero no así para el pecador porque le impide gozar y disfrutar de lo que a Dios le desagrada. Seamos buenos, bondadosos, humildes y sencillos y el querer divino será nuestro alimento para amarle cada día más y a nuestros hermanos con el mismo Amor de Dios.

¡Qué María, que tan bien supo de docilidad y gracia en su vida, nos abrasu Corazón para “comprender la anchura, la altura y la profundidad del Amor de Dios” que supera todos nuestros conocimientos! ¡Ella nos guíe, como buena Madre y Maestra del Espíritu Santo! ¡Qué así sea!¡Amén! ¡Amén!